Ya en una ocasión me he referido a este tema de los llamados frikis y me quedé bien a gusto. Dejé mi opinión en las tripas de Internet y dejé que el flujo de bits la arrastrara para después guardar mi katana y volver mi espalda a la cámara, mientras caminaba hacia el atardecer.
Pero héme aquí de nuevo implicado en mi lucha por demostrar que no se pueden utilizar las aficiones de los demás como arma, pues todos las tenemos y a todos armas proporcionamos. Pincha en leer más, ¡leñe!